La Patagonia Chilena
Vuelve a Salir al Mundo

El Mercurio – Domingo

Esta semana se estrena Nuestros Grandiosos Parques Nacionales , serie documental de Netflix que tiene a Barack Obama como productor y narrador, y un capítulo dedicado completamente a la Patagonia chilena. Aquí, sus realizadores cuentan detalles de una producción que, entre otras locaciones, les permitió filmar incluso en las remotas islas Diego Ramírez, como nunca antes se había hecho.

No es fácil llegar al archipiélago Diego Ramírez, y menos aún en plena pandemia. Este remoto conjunto de islas —las más australes del planeta, sin contar las de la Antártica— no forma parte de las rutas tradicionales de navegación por la zona, suele estar azotado por vientos terribles y, además, es un sitio prácticamente deshabitado: solo viven tres personas, marinos de la Armada, que realizan durante seis meses al año quizás la más extrema de las soberanías nacionales.

Pero cuando uno es documentalista de naturaleza, y tiene como encargo grabar una de las mayores colonias de albatros de ceja negra del mundo —y también a los carismáticos pingüinos de penacho amarillo, que viven tranquilamente en estas costas—, las dificultades deben pasar a segundo plano como sea.

‘Fueron cinco días navegando desde Puerto Natales, en un barquito cerrado que se movía como un corcho. Me fui vomitando todo el camino’, recuerda —ahora con una sonrisa, en un café de Providencia— el camarógrafo Ignacio Walker, quien, junto al productor René Araneda y al también camarógrafo Christiaan Muñoz Salas, formó el equipo chileno que grabó Nuestros Grandiosos Parques Nacionales, nueva miniserie documental de Netflix, de cinco capítulos, uno de ellos dedicado completamente a la Patagonia chilena, que se estrena este miércoles 13 de abril.

‘Esa era una secuencia crucial, porque era un lugar distinto y simbólico para la serie’, agrega René Araneda, sobre este sitio que en 2019 se convirtió oficialmente en el Parque Nacional Marino Islas Diego Ramírez-Paso Drake, el área protegida más austral del continente americano.

Escuchar lo que ahora cuentan Walker y Araneda resulta una buena y hasta simpática anécdota de viajes. Pero los detalles hacen ver que el trabajo —que en total duró un año y tres meses— no era un proyecto sencillo.

Primero, la filmación comenzó en plena pandemia, a fines de 2019 y comienzos de 2020, cuando ni siquiera había vacunas, lo que los obligó a condensar los trabajos de grabación en cuatro meses prácticamente sin parar (en condiciones ‘normales’, se hubieran hecho salidas con varios equipos trabajando en forma simultánea, en distintos destinos). Además, tuvieron que hacer largos recorridos por tierra, para cumplir las estrictas burbujas sanitarias y evitar al máximo los posibles contagios. Y en el caso de la expedición a Diego Ramírez, como no había cruceros turísticos que pudieran acercarlos, el equipo debió embarcarse en el único medio que podía llevarlos desde Puerto Natales: un bote tipo ‘salvavidas’ llamado Mabel Alice (de esos que están hechos para darse vuelta y volver a flotar, como un ‘mono porfiado’), que, si bien era seguro, claramente no ofrecía la misma estabilidad de un barco mayor para cruzar hitos temibles como el legendario Paso Drake.

‘Cuando llegamos, las islas Diego Ramírez se veían a lo lejos como Jurassic Park, con miles de albatros en el aire, pingüinos y focas leopardo en el mar’, recuerda Araneda, sobre una escena que quedó grabada en su cabeza.

‘La idea era acampar para no tener contacto con los marinos, por si hubiésemos tenido covid, pero cuando llegamos a la isla Bartolomé no pudimos desembarcar porque había habido un derrumbe… Así que, después de pedir los permisos por teléfono satelital y estar seis horas esperando en el mar, tuvimos que utilizar nuestro último recurso, que era llegar a la isla Gonzalo, donde están los marinos y el faro más austral del mundo. Ellos se portaron increíble con nosotros’.

Así, en las tres semanas que estuvieron en terreno, con todas las estaciones climáticas ocurriendo en solo un par de horas, el equipo pudo conocer y registrar un lugar ciertamente único y que muy pocos seres humanos han tenido el privilegio de ver.

‘Este es un lugar icónico, que, por ejemplo, no tiene especies invasoras como los ratones’, dice Ignacio Walker. ‘Eso ha generado un ecosistema súper sano e interesante. Es como ir a Galápagos: caminas al lado de las aves y no les importa’.

Según cuentan los documentalistas, en las islas Diego Ramírez anidan entre 55 a 60 mil parejas de albatros de ceja negra y hay entre dos a tres millones de petreles azules, que cuando salen a volar juntos llenan los cielos.

‘Fuimos el primer equipo de filmación profesional que ha podido grabar en estas islas’, dice el camarógrafo Christiaan Muñoz Salas, desde su casa en Pucón. ‘Ya desde la navegación, que era como ir en una pirinola, la experiencia de ir a estas islas fue bien surrealista. Recuerdo haber estado grabando el amanecer, a eso de las cuatro de la mañana, y ver esta nube de albatros y petreles volando sobre unos peñones como si fuesen pterodáctilos. Una cuestión prehistórica. Este lugar te produce una sensación de volver atrás, de pertenecer a otra era en el tiempo’.

El lugar más protegido

Con la producción ejecutiva de James Honeyborne (el mismo tras la premiada serie Blue Planet II, de BBC) y también del expresidente Barack Obama (en cuyo currículum se cuenta ser el mandatario estadounidense que más tierras y aguas públicas ha protegido legalmente, y que tiene su propia productora: Higher Ground), la serie Nuestros Grandiosos Parques Nacionales tiene, además del capítulo de la Patagonia chilena, otro sobre el Santuario Marino de la Bahía de Monterrey, en California; uno sobre el Parque Nacional Gunung Leuser, en Indonesia, y otro sobre el Parque Nacional Tsavo, en Kenia.

La decisión de incluir ese territorio en este cuarteto de áreas protegidas tiene que ver con un dato que el propio Obama entrega al comienzo de este capítulo: tras la reciente entrega de terrenos privados al Estado chileno (por parte de la ex Fundación Tompkins, hoy Rewilding Chile), la zona ahora cuenta con 24 parques nacionales, por lo que —dice Obama— la Patagonia se está convirtiendo en uno de los lugares más protegidos de la Tierra.

‘Elegir en qué parques nacionales nos enfocaríamos fue difícil, pero queríamos asegurarnos de que la serie reflejara la gran variedad de hábitats que están protegidos globalmente’, explica desde Bristol, Inglaterra, Sophie Todd, productora de la serie. ‘La Patagonia chilena se ganó su lugar no solo por sus asombrosos paisajes e increíble vida salvaje, sino, lo más importante, por los enormes esfuerzos de conservación que se han hecho allí, incluidos el rewilding y la conexión de parques’.

Con esa locación definida, el equipo de producción se puso en contacto con uno de los chilenos más conocidos en el mundo de los documentales de naturaleza: René Araneda, un joven cineasta que en los últimos años no ha parado de trabajar en diversas producciones internacionales para NatGeo, BBC y el mismo Netflix, entre otras, y que era una carta segura para iniciar un proyecto como este. Lo confirma la propia Sophie Todd: ‘Tener un equipo basado en Chile significaba que podríamos conocer preciosas locaciones. Fue fantástico trabajar con ellos’, dice.

Araneda convocó a sus colegas chilenos Ignacio Walker y Christiaan Muñoz Salas, dos nombres que también se repiten en otras producciones (Walker trabajó en la serie Our Planet, y Muñoz Salas, hijo del ganador del Emmy Christian Muñoz Donoso, también ha realizado un prolífico trabajo como camarógrafo en diversas producciones internacionales), para que ayudaran en la tarea. La primera locación elegida fue el Parque Nacional Patagonia, en Aysén.

‘En los últimos años ha habido un boom importante de Sudamérica’, dice Araneda sobre el interés que sigue generando esta parte del mundo en la industria de los documentales. ‘Siempre han grabado acá, pero era una secuencia por aquí, otra por allá. Yo creo que ahora se han generado hartos factores más: hay muchas historias, muchos expertos y mucha gente que está grabando. Hay hartas cosas nuevas por mostrar todavía, es un lugar relativamente seguro y, además, visualmente es espectacular’.

Si bien este documental incluye escenas de lugares y especies famosísimas a nivel internacional, como los pumas de Torres del Paine, el equipo destaca el hecho de que pudieron grabar en sitios como Aysén o el propio archipiélago Diego Ramírez, que suelen no aparecer en el radar de las grandes producciones cinematográficas.

De hecho, una de las secuencias más difíciles que les tocó realizar —según cuenta René Araneda— fue el registro del primer vuelo de un cóndor juvenil. Para eso, antes de comenzar, Araneda hizo varios viajes previos en solitario, recorriendo desde Balmaceda hacia el sur, para encontrar nidos de cóndores que estuvieran en un lugar adecuado para poder filmarlos. Finalmente pudieron dar con un nido en el sector del Valle Exploradores, cerca de Puerto Tranquilo.

‘Para la historia del cóndor no queríamos tenerlo en un paisaje como el de las Torres del Paine, sino que en un lugar verde, con bosque. Por eso elegimos ese lugar de Aysén’, cuenta Araneda.

Pero llegar hasta el sitio mismo era muy complejo. No solo había que atravesar una auténtica selva para aproximarse, sino que Christiaan Muñoz Salas tuvo que trepar con cuerdas y ayuda de dos escaladores para subirse en las rocas con sus equipos y poder lograr las tomas.

‘El Valle Exploradores es una selva increíble y está lleno de nidos de cóndores a lo largo de la ruta, pero para poder ver el comportamiento como corresponde tienes que tener la mejor toma’, agrega Walker, quien ratifica la dificultad que implica conseguir las imágenes para este tipo de producciones. ‘Todos los días tienes que filmar como si fuera el último o el único día. Eso es lo que te permite lograr secuencias tan increíbles. Nunca puedes ‘agachar el moño’. Además, es físicamente demandante: duermes poco, tienes que subir cerros con cámaras, trípode. Y la pandemia en este caso nos forzó a que tuviéramos que juntar cuatro meses de filmación seguidos. Fue una pega muy dura, pero también fue entretenido estar perdido en la Patagonia por todo ese tiempo. Te conecta con ese mundo de una manera más profunda’.

Nueva perspectiva

Entre otras imágenes, la serie documental incluye especies extrañas como un pez que camina por los suelos marinos o hipopótamos que surfean olas en las costas africanas. Pero también animales algo más familiares para nosotros, como las focas leopardo, que Araneda y su equipo registraron en uno de los mejores sitios del mundo para observarlas: el Parque Nacional Laguna San Rafael, en Aysén.

‘Siempre va a tener valor mostrar lugares frescos, cosas que no se hayan visto, y si bien las focas leopardo son especies conocidas, carismáticas, se les asocia comúnmente a los ecosistemas antárticos, no a estos sitios’, dice Araneda.

Christiaan Muñoz Salas también valora haber podido filmar en locaciones poco habituales. ‘Las focas leopardo no se habían filmado de esta forma. Aquí los paisajes de hielo se juntan con el bosque, cosa que no se ha visto. Para uno como cinematógrafo y fotógrafo es súper refrescante poder mostrar a los animales en otros ambientes. Yo llevo 7 a 8 años haciendo esto y sitios como Torres del Paine, que son increíbles, súper bonitos, se me han repetido. En estos otros lugares cambia mucho la sensación’.

Por lo mismo, a los realizadores les sorprende que prácticamente no se hayan hecho estudios científicos sobre las focas leopardo de la laguna San Rafael. ‘Creo que es una especie que está subvalorada. La gente va a pasear al glaciar, se sacan fotos con el hielo y a veces ni las ven, pero es un animal increíble, y está ahí’, dice Araneda. ‘Recién ahora hay científicos que se están interesando y llegó un guardaparques que empezó a hacer un censo, porque tienen manchas que se pueden identificar con fotos que la misma gente ha subido a Facebook o Instagram. Pero es una población residente. Hay fotos de 1936, cuando se construía el istmo de Ofqui, que muestran que ya había focas ahí’.

Después de casi un mes grabando el vuelo del cóndor, el equipo continuó de inmediato hacia la laguna San Rafael, donde pasaron otro mes filmando a las focas leopardo. Era fines de invierno y estuvieron prácticamente solos en el parque, sin contar a los guardaparques y el pequeño equipo logístico que los llevó navegando desde Bahía Exploradores.

‘La ventaja, entre comillas, del covid es que había menos gente. La laguna San Rafael es un lugar turístico, donde normalmente están entrando cruceros, pero ahora la tuvimos solo para nosotros’, cuenta Ignacio Walker.

‘Con el tema del covid el proyecto agarró un vuelo diferente que cuando lo partimos, por donde fue a parar el mundo y las vidas personales de todos nosotros’, reflexiona Araneda. ‘Fuimos privilegiados de poder estar en estos lugares salvajes que tenemos y de los que sabemos tan poco. Eso te hace poner los pies en la tierra’.

Para Ignacio Walker, este trabajo documental puso de manifiesto la importancia de estar en contacto con la naturaleza y el rol que cumplen los parques nacionales como proveedores de esos espacios. ‘Todos estuvimos seis meses encerrados en la casa antes de poder salir. Hoy, más que nunca, la gente se dio cuenta del valor que significa salir a la naturaleza, y creo que esta serie es una celebración de todo eso’, dice. ‘Además, para nosotros como chilenos, haber tenido la oportunidad de recorrer la Patagonia y compartirla con el resto del mundo para una producción internacional, es un privilegio. Eso te motiva ante el hecho de pasar frío, cansancio y toda la serie de dificultades inherentes a esta pega’.

Fuente: https://portal.nexnews.cl/showN?valor=jmev1

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